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Para poder decir “AHORA”, habían transcurrido décadas esperando algo, esperando el cumplimiento de cientos de promesas, cuantos días de dudas, cuantas sombras, cuantos atardeceres, y sobre todo que afirmación tan contundente, pues Simeón no había conocido el ministerio de Jesús, tenía ante él a un niño, a un sueño, y sin embargo en su largo caminar por este mundo había conocido a Dios, el Dios que cumple lo que promete, él sabía que lo que Dios se proponía lo cumpliría, es cuestión de tiempo y por ello utiliza esta expresión, “AHORA”, es el tiempo, era el final de una visión que, apenas había comenzado, pues siempre que termina algo, algo comienza.
Que fácil es fatigarse en este ajetreado caminar, que fácil desenfocarnos de aquello que esperamos, de aquella visión por la que hemos estado dispuestos a dar la vida, dejarlo todo, incluso el trabajo; qué fácil es rendirse sin ver “la salvación del Señor...”, que fácil es abrazar a otros dioses de fama, prosperidad, dioses de rápido acceso y fugaz resultado, dioses que exigen poco y dan menos, ...sea lo que sea, pero que sea fácil es lo que anhela nuestro corazón y yo me niego a ser de los que se aburren de esperar, deseo llegar al final de mis días haciendo mia la afirmación de Simeón, “...ahora puedes llevarme en paz...”, quisiera decirle eso a nuestro amado maestro, pues seguro estoy que no haré todo, que faltará mucho por hacer y otros lo harán, pero quiero ver con mis ojos lo que un día vió mi corazón, quiero ver este pueblo para Cristo, no cientos, sino miles. Quiero llegar al final de mis días habiendo acabado la carrera, y visitando las iglesias que serán y hoy no son. ¿Has calculado la edad de Ana?, ¿la de Sara cuando dio a luz?, ¿Cuánto estás dispuesto a esperar para que se cumpla la visión, un mes, un año, diez....?
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